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Desplanando Planilandia

Especie invitada: Juarjo Gómez Hijo de Gloria

Unflattening. Nick Sousanis. 2015, décima impresión. Historieta ensayo.

Desde la solapa encontramos sentencias que increpan al lector, enseguida cito un ejemplo: «la prevalencia de las palabras sobre las imágenes tiene raíces profundas en la cultura occidental (eurocéntrica, diría Dussel). Pero ¿qué tal que ambas estuvieran indistinguiblemente unidas, siendo pares en la construcción de sentido?». Salta el detalle de que tanto en la dedicatoria como en la tabla de contenido el autor recorre al matrimonio imagen-texto.

Así visto, para ilustrar sin ilustraciones esta obra de Sousanis deberé acometerla capítulo por capítulo, aunque sea algunos, de manera que su tesis pueda esbozarse de manera clara en quienes lean, esta obra no conoce, que sepa, hasta la fecha, traducción al español, razón por la cual la traigo a la mesa en esta oportunidad.

Primer capítulo: flatness/planitud. Abre con un dibujo arquitectónico en el que las personas son arcos de carga, más arriba dice «manténgase en línea», continúa desarrollándose esta idea gráfica a lo largo de dos páginas hasta que el autor habla, y, como un gran peso cayendo se revela que lo que parecen ser arcos de soporte, en realidad son personas movidas por una banda transportadora.

Primera definición del autor: la planitud en la que nos movemos no es literal, sino perceptual, es una contracción de posibilidades.

El coro, cuyo eco reverbera al final de la disgregación, de una multitud de maniquíes movidos en las bandas transportadoras dice: «es lo que es».

Recuérdese que el título de la obra refiere a la novela del siglo XIX Planilandia de Edwin A. Abbott, en esta, cuadrados y demás figuras geométricas viven inconscientes de sus limitaciones dimensionales. En Unflattening/Desplanizarse el autor compara desde el mismo título aquella inconsciencia de los cuadrados de Planilandia con la nuestra: habitamos un plano, subyugados a usar la palabra e imagen por separado. La banda transportadora lleva a los maniquíes a una fábrica de sujetos a quienes empaca junto con lo intangible: tiempo y experiencia, en cajas de fácil transporte, digestión y transmisión. Quien consume las cajas se envuelve a sí mismo en la ilusión de ser texto: números, datos con los que su valor es medido y así mismo integrados a la máquina de maniquíes. Aquí el dibujo del autor confiere a quien lee una analogía visual entre los maniquíes estandarizados y las pruebas de estado estandarizadas.

Segundo capítulo: planilandia. Continuando con el hilo anterior, la estandarización solo produce sombras sin substancia ni agencia y es aquí que el paralelo insinuado con la novela de Abbott, Planilandia, se hace explícito, y, el autor narra a quien lee la historia de Uncuadrado, protagonista de Planilandia, de su encuentro con el punto de Línealandia y con la esfera de Espaciolandia, gracias a quienes obtuvo el entendimiento de su mundo y pudo luego IMAGINAR LAS DEMÁS DIMENCIONES POSIBLES, luego, la condena que recibió por este nuevo y profano conocimiento fue el ostracismo por parte de aquellos incapaces de entenderlo. El salto cuántico de un paradigma a otro es representado por el autor con las sandalias aladas de Hermes entrelazada con una citación de Ítalo Calvino a propósito de la levedad «mirar al mundo desde una perspectiva distinta y con métodos frescos de aprendizaje y constatación», acompañado del vuelo de la imaginación, en las sandalias aladas, el hincapié se hace sobre el cambio de perspectiva.

Tercer capítulo: la importancia de ver doble y después algo más. Partir del hecho anatómico de que, dada la distancia entre ojo derecho e izquierdo, cada uno «ve» distinto del otro, contribuyendo así a la construcción de la perspectiva, es decir, anatómicamente hablando, no existe una forma correcta de «ver». El autor procede a narrar el relato de Eratóstenes en el que el sabio griego midió el mundo desde Alejandría con la ayuda de su percepción visual. El autor presenta el contraejemplo de la hipótesis de la tierra plana, en este escenario a pesar de la evidencia VISIBLE, las ideas (planas) se imponían (tratan de regresar en el s. XXI), acomodando el mundo natural a unas creencias hasta llegar Copérnico a refutar todo esto con solo mover el punto de vista: ya no la tierra en el centro, sino entre los demás planetas.

Una gran paradoja que posee el trabajo es que constantemente se citan textos en vez de imágenes, o sea, y se entiende un poco, pues, para validar la imagen se recurre al texto, para que el texto sea pertinente se construye la imagen.

Ahora, la historia del pensamiento pasa de la «antorcha del análisis» a una «cascada de linternas individuales» enfocadas en búsquedas particulares y aisladas, la planitud. Dice Sousanis: «se necesita otro acercamiento», «una sola línea de pensamiento puede ser una trampa en la que solo vemos lo que buscamos ver». Le sigue una comparación entre las gafas verdes de Ciudad Esmeralda de Oz y la tapa del álbum The Dark Side Of The Moon, la analogía cierra con un tapiz (entramado de líneas de pensamiento) que resulta ser el tejido neuronal, iluminando así un mayor entendimiento del mundo, sus leyes y sus lógicas. Entra en juego el concepto de canal comunicativo, esencial para conectar puntos de vista (enfoques u ojos) distantes o separados por fuera, mas conectados por dentro. Ejemplo de nuevo canal comunicativo, en vez de «así es» el decir cambia por «así parece».

Fallará quien lee si piensa en puntos de vista dominantes, la aspiración del autor es la lateralidad rizomática en la que «cada nodo está conectado a cualquier otro nodo». «Es nuestra visión en vez de lo que vemos lo que está limitado»: James Carse.

Ahora, el autor revela aquello que sucede a la apertura a nuevos puntos de vista o dimensiones, y es que, entre más exploremos, más puntos de vista, veremos que hace falta explorar, del mismo modo que funcionan los fractales, «ver el mismo mundo distintamente»: Benoit Mandelbrot.

Cuarto capítulo: la forma de nuestros pensamientos. Un hombre nadando en lo inconsciente. Los medios con los que creamos y procesamos nuestros pensamientos son la cosa en la que nadamos en el mar que respiramos. De tal suerte es la ilustración con la que abrimos el capítulo.

El lenguaje puede ser una herramienta o una trampa. Las formas en las que pensamos definen lo que vemos. A Platón debemos el rol marginal otorgado a las imágenes, siendo la ironía que él, además, renegaba del lenguaje escrito. A continuación, Descartes pone el acento sobre el pensamiento, cuya representación aparece en la forma de la palabra escrita, separando mente de sentidos, con lo que nos deja hilando abstracciones sin cuerpo, flotando en un mar de palabras, irónica también resulta su admiración por el sentido de la vista y sus estudios de óptica que lo llevarían a describir el arcoíris vía refracción. Se deduce que con el pensamiento (palabra escrita) y la percepción (imagen) es posible llegar a un entendimiento que, si se prescinde de alguno de estos, bien podría no alcanzarse.

Quinto capítulo: nuestros cuerpos en movimiento. Así encontramos la división entre imagen y texto disuelta por una nueva forma de pensamiento y expresión. Por consiguiente, el autor le descubre a quien lee que, dada nuestra anatomía y naturaleza fluctuante, la percepción es una actividad dinámica: no existe una percepción estática (observamos el mundo relacionando y comparando continuamente). Entonces, a través de una sutil disgregación, el autor llega a concluir que dibujar es una manera de explorar o explotar nuestra visión comparativa.

Me detengo en mi exploración del ensayo historieta. Suficientes imágenes en palabras pude traducir a quienes lean. Quizá. Aunque no tanto como para suplir la obra original. El trabajo en sí es un reto intelectual, a cuyo cabo se encontrará quien lo leyera con una nueva herramienta de observación con la cual constatar la realidad.


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