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Tres brujas: Fisher, Macbeth y Milei

Por Especie invitada: Juarjo Gómez Hijo de Gloria

Convertir lo feo en hermoso y en hermoso lo feo es el arte que mejor dominan las hermanas brujas. A continuación, veremos cómo lo ominoso se confunde con el espectáculo del capital y en últimas, de qué manera nos afecta como ciudadanos. Veremos una realidad cada vez menos realista tornarse en una novela de terror, esto de la mano de tres hombres y de tres brujas quienes nos insinuarán un escenario político más cercano a la literatura que las ideologías tradicionales.

Fisher. El crítico suicida, Mark Fisher, autor del conocido ensayo Lo raro y lo espeluznante, entre otros textos de crítica cultural y social de enfoque tecno-marxista. En su tesis doctoral, Flatline constructs, formuló una herramienta de análisis crítico del capitalismo a partir de la ligación de las numerosas y recurrentes metáforas planteadas a partir de la imaginería gótica tanto en la obra de Deleuze y Guattari como en la de Karl Marx. Tal herramienta responde al nombre de materialismo gótico, este pretende desvelar la naturaleza gótica de las sociedades capitalistas con el propósito de esclarecer la realidad material construida y maquillada por el mercado. Grosso modo, su funcionamiento es relativamente sencillo, basta con invertir el sentido simbólico de la tradición literaria gótica. Exempli gratia, una lectura simbólica del Frankenstein de Mary Shelly habla de las relaciones disfuncionales entre progenitores e hijos y asimismo del terror que nos inspira el sinsentido de una vida solitaria; mientras que, con el materialismo gótico, en vez de leer el Frankenstein como una alegoría moderna, más bien leeríamos el Frankenstein en las dinámicas del capital, es decir, ¿quién o quiénes se comportan a la manera de Víctor Frankenstein?, una búsqueda rápida entre las cadenas de noticias muestra que el Estado Israelí, acusado de devolver incompletos/mutilados los cadáveres de los prisioneros palestinos, son los Víctor Frankenstein que benefician el mercado de su ciencia médica sin miramientos de ninguna ética. Deviniendo, de este modo, el texto de ficción en texto de teoría sobre los manejos humanos del cuerpo deceso en una economía de libre mercado que extiende sus lógicas mercantiles al sector salud y mortuorio.

Macbeth. Escrita en los albores del siglo XVII por William Shakespeare es, según Jorge Luis Borges, una obra clásica en tanto que ya la conocemos desde antes de haberla leído, sin embargo, la resumo enseguida: se trata de un militar que, manipulado, por un lado, por tres brujas e impulsado, por otro lado, por su esposa, asciende al poder recorriendo un camino de asesinato e intenta asirse a este mediante la misma vía. Sin embargo, la historia del arte convierte a Macbeth en un relato precursor del gótico a despecho de poseer todas las características propias del subgénero: 1) es contrario al historicismo de la ilustración, pues al tomar personajes históricos y fabular los hechos alrededor de la trama, niega la historia, convirtiéndose en un relato anti-histórico; 2) cuenta con personajes sobrenaturales, por ejemplo, las tres hermanas brujas, fantasmas, invocaciones del averno, etcétera; 3) los personajes y conflictos se mueven por pasiones en vez de por la razón, miremos el caso de la muerte de Banquo, la razón dictaba que, si Macbeth quería contravenir el designio de las brujas, le bastaba con embarazar a su esposa o a una consorte, pero su marcado sentimiento de culpa y paranoia (mismo que vemos en el «Corazón delator» de Edgar Allan Poe) le impide ver lo evidente; 4) los escenarios lúgubres como páramos, castillos medievales y el clima tenebroso de una noche perpetua, neblina, lluvia, rayos y truenos, típico fin de semana en la isla británica; 5) muertes inocentes, las de los niños que a partir del tercer acto manda a matar el tirano; la del rey Duncan no la cuento porque no hay inteligencia en defender a un monarca; 6) un final enigmático donde el mal sale impune.

Conque, si Fisher nos proveyó de una herramienta para leer la sociedad capitalista a partir de la narrativa gótica y, si Macbeth contiene en su forma y contenido los elementos espeluznantes de los relatos posteriores que configurarían la literatura gótica; no sería muy aventurado proponer una lectura gótico-materialista de Macbeth, esto es, leer a Macbeth en el imperio del capital.

Milei. Javier Milei. Qué cosa, antes de él pensé en Augusto Pinochet. De igual guisa que Milei, Pinochet es tentado por tres brujas (cuya identidad revelaré en breve), mata al jefe de estado, mata a sus rivales inmediatos, se convierte en motivo de exilio, lo exceptúa, sin embargo, una esposa con la que tuvo cinco hijos, Lucía Hiriart, si bien ella era una temida Lady Macbeth, la fecundidad de la pareja impide llevar la lectura al pie de la letra, dejándonos con un cuasi-Macbeth. Por el contrario, Milei, qué cosa. Javier Milei asciende al poder movido por las tres brujas que años antes manipularan también a Pinochet: el entretenimiento propagandístico, el periodismo hegemónico y los economistas neoliberales. La propaganda capitalista de los blockbusters en la que el individuo parece vencer algún mal moral, pero solo obtiene cosas o sexo. La retahíla de los canales tradicionales de información de que todo va mal porque el banquero del patio de enfrente tiene un yate más grande que el banquero de aquí. Los nuevos gurús, la nueva clase sacerdotal en nuestra religión neoliberal, lo dice Byung-Chul Han, los economistas especulativos del neoliberalismo. El presidente argentino se autodenomina un topo, un infiltrado en el sistema, su finalidad es destruir, no ya al jefe de Estado (que de momento es él), sino el Estado mismo, cuando Macbeth asesina al rey Duncan, el rey padre, toda Escocia se estremece, mientras Javu asesina la faceta protectora, paternalista, del estado, el pueblo argentino se estremece. En el ejercicio del poder, el presidente no ha dudado en tirar a los rieles aquellos rostros públicos que le ayudaron a construir una imagen mediática, sin la cual no detentaría hoy día el poder en su país, mismos rostros que lo espantan en cada oportunidad. El éxodo en la Argentina lo ha protagonizado el sector empresarial, es noticia conocida que más de una docena de multinacionales ha dejado el país en lo corrido del año, la emigración del vulgo se orienta hacia España (como en el caso venezolano en la primavera del otro cuasi-Macbeth, Nicolás Maduro) sin grandes números que alerten a nadie. El acoso a los inocentes es otra similitud y si continuamos buscando símiles los continuaremos encontrando.

Pero, pero, pero. Karina Milei. Es ella quien encarna a la perfecta Lady Macbeth siendo un poder no oficial ejercido sin titubeos y, además, refleja la relación matrimonial del tirano de Shakespeare. Puede asumirse que los esposos en la obra se comportaban más como hermanos que como marido y mujer. Nunca se besan ni se erotizan ni comparten el lecho ni tienen descendencia ni profesan un cariño que trascienda la fraternidad de dos cómplices, en cambio, lo que hay es una completa sumisión de él hacia ella. Tan grande es este vacío que comparten el mismo apellido, ninguno tiene nombre de pila. Los Macbeth. Los Milei.

El texto de ficción se vuelve de teoría. Ya no es una historia acerca de la corrupción que el poder ejerce en un carácter débil. Ahora se trata de una advertencia sobre el canto de las brujas, quienes hablan con acertijos, con chistes, con ambigüedades. Ellas no le temen a traer voces de ultratumba para edulcorar sus ardides. Para ellas el destino de los estados (sus gobernantes y gobernados) es mero juguete, cuento idiota contado a idiotas. Leer a Milei implica situar al presidente en un pasado imposible de modificar, pero del que aún podemos aprender; bien se sabe cómo termina el clásico. ¿Con cuáles tiranos se disponen a jugar las tres brujas en el futuro? Ellas se reúnen siempre que se gana y se pierde una guerra, redoblando trabajo y afán para algún Macbeth manipular. Viendo y sabiendo, ¿qué haremos con lo que tenemos?


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