Lectura de Una caña de pescar para el abuelo: ritmo, cadencia y lo que pude rastrear del “caudal del lenguaje” en español. Por @elseguidor
Antes de leer Una caña de pescar para el abuelo leí un comentario sobre la obra de su autor Gao Xingjian, premio Nobel en 2000, en el que mencionaban que una de las características más destacadas de esos cuentos, y de la obra posterior del autor, es su uso del caudal del lenguaje, presentado en oposición al caudal de la conciencia o monólogo interior. Ignorante como soy pensé que sería muy bueno leer esos cuentos para entender ese comentario.
No puedo decir que lo haya logrado. Después de leer esa colección de cuentos investigué con más juicio sobre él y esas características de sus cuentos pues yo no logré apreciarlas con la claridad con que las describía el autor del comentario aquel. Esa investigación me devolvió a antes del principio pues lo que encontré es que el caudal del lenguaje tan apreciado en la obra de Gao Xingjian está íntimamente ligado a la prosa en su lengua y que no es tan claro en las traducciones a las lenguas europeas. Quizás se deba a las diferencias tan grandes que imagino debe haber entre el mandarín y el español (o el inglés o el francés, etcétera), por ejemplo.
En el prólogo de la edición que leí de Una caña de pescar para el abuelo ya estaba advertido: “(…) Gao Xingjian acopia toda la riqueza del chino moderno: la ausencia de conjugación verbal y la ambigüedad de las categorías gramaticales (las diferencias entre verbos, adjetivos y sustantivos son mucho menos patentes que en las lenguas occidentales) dan al autor una paleta muy amplia que emplea con prodigalidad (…)”.
A pesar de esa advertencia, que me motivó a leer los cuentos, eso fue invisible para mí. Lo visible, lo que pude apreciar y valorar dentro de mis limitaciones está más cerca de lo que estamos formados para ver en la literatura en español o de lo que llaman Occidente. Su historia, única en su individualidad, a lo lejos se ve repetida en los casos de tantos artistas disidentes exiliados: crítico del poder y de las ideologías, su expresión artística chocó con los censores del partido pues no obedecía a los dictados del realismo socialista sino que cultivaba valores ajenos a ese mandato, como la expresión artística libre y personal, alejada de las imposiciones del partido comunista. Se exilió en Francia en 1987 siendo ya un autor reconocido, desde ahí continuó su exploración de la condición humana.
En Una caña de pescar para el abuelo están presentes esos temas reconocibles por encima de las dificultades de las traducciones: la soledad, la identidad, la memoria, el exilio y la fragilidad de la vida. ¿Y del lenguaje qué? Solo puedo decir que su exploración de la oralidad, por lo menos tal como quedó en la versión en español que leí, es muy interesante pues hay un uso del lenguaje que es evocador y nostálgico sin pasar a ser repetitivo ni mucho menos empalagoso. No hay una sola frase que parezca dictada por funcionarios del partido, al contrario, las descripciones de los lugares y los personajes, de las relaciones entre ellos, de las cosas que pasan o no en los cuentos, son ricas en detalles que las individualizan y por ningún lado regalan una letra a la propaganda oficial.
Como en las obras de grandes autores, en esta también se siente el valor universal de las cosas y la gente local. Un accidente de un autobús con una motocicleta en un cruce semaforizado, una pareja de viaje a un pueblo turístico, un nadador que con sus reflexiones parece hacerse uno con el agua que fluye, un niño que explora la nostalgia, el amor filial y la pena a través del recuerdo de su abuelo… son relatos en los que es evidente desde la superficie de una primera lectura, y emocionante al releerlos, que son la reflexión profunda de un artista sobre la memoria, la identidad, la cultura y la condición humana. Sí, todo eso en una cultura y una lengua lejanas a las nuestras y a la vez tan humanamente cercanas a todos en cualquier parte.
Lo del caudal del lenguaje es tarea pendiente. Ya sé que no aprenderé mandarín pero eso concepto sí quiero explorarlo. Del caudal de conciencia digamos lo que todos sabemos desde el colegio: el monólogo interior es una técnica que busca reproducir el flujo ininterrumpido de pensamiento, recuerdos y sensaciones tal como ocurren en la mente de un personaje. El caudal del lenguaje, en cambio, hasta donde he podido leer, es una exploración de la lengua misma como protagonista. La palabra y su sonoridad, su ambigüedad, su capacidad evocadora y sugestiva cumple funciones más allá de herramienta descriptiva para reflejar ese caudal que el autor moldea. Creo entender eso, quizás logro intuirlo pero no estoy seguro. Para mí eso es motivo para seguir leyendo a Gao Xingjian.

No te tragues ese sapo, comenta: