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Primero estaba el mar, de Tomás González

@sergiozuluca

Primero estaba el mar, de Tomás González, es en sí misma una manera de afrontar el duelo. Se trata de la primera novela del autor y recrea los últimos meses de vida de uno de sus hermanos, antes de ser asesinado en el Golfo de Urabá.

Profunda, envolvente y fácil de leer, esta novela no da tregua. Se mete rápidamente en las entrañas, por ojos, nariz y boca, gracias a unas primeras escenas vívidas en las que el narrador cuenta cómo el protagonista y su novia llegan al mar. Describe con detalles genuinos ese mundo playero al que, evidentemente, no pertenecen.

J. y Helena son dos animales urbanos que caen en la trampa del lugar común: atienden al anhelo de vivir junto al mar, lejos de la opresión citadina y de las preocupaciones del mundo convencional. Se instalan en una cabaña en la playa. No es una playa cualquiera, visitada y envidiada por turistas: está lejos de todo, y va creando, a su vez, una distancia insalvable entre la pareja.

Pero, no solo llegan al mar, sino que inician el tictac de una bomba de tiempo que nos hace preguntarnos por el sentido de los anhelos, los proyectos y las búsquedas humanas. ¿De qué huye J.? ¿Aquello de lo que huye realmente desaparece en este nuevo escenario?

Como pasa siempre con la buena literatura, las respuestas no están ahí, explícitas, en la cadena de hechos que conducen a J. a su fin. Están en las reflexiones que esta novela propicia, al entrar en las profundidades de su protagonista y al aprovechar su sensibilidad para que la naturaleza atrape también a los lectores, bajo el punto de vista de un J. que se asombra con facilidad ante el canto de un loro enjaulado, una cáscara colonizada por hormigas o los infinitos verdes de la selva.

El hecho de que sea la única novela del autor basada enteramente en hechos reales le otorga una categoría distinta: nos sentimos fisgoneando en una tragedia ajena, pero, a la vez, involucrados con J. a medida que pasan las páginas. Nos preguntamos también qué significó para el escritor narrar estos hechos.

Publicada en 1983 por Los papeles del goce, el sello editorial del bar El goce pagano, donde el autor trabajó en la década de los 80, esta novela ha tenido una recepción consistente, primero como novela de culto y luego como referente de un autor con una obra ya consolidada.

Tanto para quienes aún no han leído a este autor como para aquellos que ya conocen su obra, pero aún no han pasado por este título, estamos frente a una ópera prima en la que ya se despliega toda la calidad literaria de González.


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