La virgen de los sicarios supone el reto de ponderar, en una medida suficiente, el estatuto del narrador, entendido como una figura que nada tiene qué ver con el autor de carne y hueso. Esto, porque la instancia moral en la que se sitúa el narrador de la novela es desafiante y puede rayar con lo indeseable y lo absurdo. En esa medida, endilgarle un carácter moral a la novela, o entenderla como una propuesta ética del autor de carne y hueso puede conducir al lector a un camino de confrontación excesiva.
No obstante, si se asume el discurso del narrador como un lente particular con el cual mirar el mundo, y concretamente el mundo de la Medellín de los 80 y 90, se advierte que hay una mirada genuina que retrata lo que ya se ha abordado con recursos que pueden llegar a ser manidos. Y es en esa impronta única donde la lectura alcanza sus puntos altos. El lenguaje, que le sirve al narrador para despotricar del país y sus cimientos, es a la vez una herramienta poética para escudriñar en la belleza que hay en el horror o, visto de otro modo, para alzar la voz poética de la realidad, en todas sus dimensiones.
Por otro lado, ese mismo narrador entra, desde el título, en una confrontación íntima con un Dios que es el sustento de todas sus acciones. Hay una adoración/alejamiento que configura un conflicto transversal a la novela en el interior del narrador, representado también en la puja entre la nostalgia y el desencanto, el amor y la muerte. Un juego de contrarios que se convierte, a su vez, en una clave para entrar a la novela y desconfiar de ese monólogo destructivo y desencantado que está en un primer nivel de interpretación.
La virgen de los sicarios no deja de ser una historia de amor —hiperbolizada o reducida por la violencia—, pero condimentada con el carácter de un personaje que problematiza el amor, al dejarlo desprovisto de todos sus clichés. Una forma de amar que se condensa justo en su frontera con la muerte y nos hace pensar, una vez más, en la paradoja existencial que encierra esta obra: la vida que late entre los estragos de la muerte.

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