En los últimos días he estado leyendo un libro bastante reseñado: Esta herida llena de peces, de Lorena Salazar Masso. Cuando el libro se hizo famoso leí todas las críticas habidas y por haber y finalmente decidí no contribuir al bolsillo de Faciolince y asociados, pero hace poco más de un mes el libro llegó a mí en forma de regalo. En mis recuerdos hay muchas opiniones buenas y un par malas y demoledoras por las que al final me incliné. Seguramente algunas me las inventé y no están escritas en ninguna parte. Malas. Buenas. En fin.
Aquí la contratapa original de la edición de Angosta para quien no ha leído el libro:
En Quibdó, una joven madre blanca se embarca en una canoa con su niño negro de cinco años. Empiezan un largo viaje hacia el norte por el Atrato. Las preguntas de los demás viajeros –y el viaje interior de la madre– nos revelan un dato desgarrador: la mujer que ha criado al niño casi desde su nacimiento, debe ahora entregárselo a su madre biológica, que vive en un pueblo lejano, río abajo. Este viaje por el corazón del Chocó, y por esa herida llena de peces, es un viaje en el que los protagonistas se dirigen al encuentro con su destino, y al encuentro con la historia más compleja y profunda del país donde vivimos.
Con curiosidad por leer las reseñas que recordaba visité algunos sitios de internet y encontré, por ejemplo, la de Velia Vidal en Cerosetenta[1]. Sí, la definición de las personas a través del color, que menciona Vidal, viene desde la contratapa. Las frases de cajón (que mencionaré yo) también.
Esta vez hubo algo que me llamó la atención, al inicio de la reseña de Vidal, y fue la necesidad que tenemos, al reseñar, de ayudar sutilmente al reseñado. Así empieza Velia:
Es la ópera prima de una autora que demuestra una gran sensibilidad poética y una enorme capacidad de construir imágenes poderosas con su narración.
Gran sensibilidad poética. Imágenes poderosas.
Los asistentes a talleres literarios sabemos que esos dos elementos son la lidocaína antes de iniciar cualquier crítica que tenga el potencial de ser mal recibida. Mi lectura respecto a la poesía y las imágenes en la novela de Salazar Masso es que cuando domina el lenguaje ensayístico o de crónica las imágenes poéticas se reducen a frases de cajón. Por ejemplo, la selva que se cobra la invasión y reclama su espacio; el olor que brota de un álbum de fotos que se abre después de mucho tiempo; el río como tigre que puede tragarse enteros a los navegantes. No hay allí una imagen que no hayamos leído antes. Y esto apenas en las diez primeras páginas del libro en la edición de Angosta.
Luego de ese inicio Velia Vidal expone de manera impecable el racismo, que pasó desapercibido para muchos lectores.
En otro sitio encontré este párrafo, de Giuseppe Caputo:
La lectura me dejó escindido. Por un lado, el libro tiene unos problemas políticos que pasan, sobre todo, por la exotización inconsciente o involuntaria de las personas negras y del departamento del Chocó, un territorio que, como lo han recordado las escritoras Yihjan Rentería y Velia Vidal, ha sido históricamente invisibilizado. Salazar Masso es plenamente consciente de los riesgos políticos que tiene su novela. En un pasaje leemos, por ejemplo: “Parezco la delegada de una misión comunitaria o una periodista de esas que vienen dos días, miran a la gente desde unos ojos asombrados, ausentes; preguntan lo obvio y desaparecen”. Sin embargo, la mirada que por momentos tiene la narradora, la termina ubicando en el lugar de la delegada o periodista que viene dos días, mira a la gente desde unos ojos asombrados, ausentes, pregunta lo obvio y se va”. [2]
En este caso, la frase: Salazar Masso es plenamente consciente de los riesgos políticos que tiene su novela,es el flotador que Caputo le lanza mientras ella se hunde en las arenas movedizas del racismo y se enreda en las capas hondas de lodo de la colonialidad inconsciente, que se mencionan más adelante en la misma reseña. No sé si ella expresa en alguna entrevista que es plenamente consciente de los riesgos políticos que tiene su novela, pero haberla escrito es para mí la definición de ser inconsciente de ellos. Y por eso Caputo señala que a pesar de que la propia narradora teme parecer una delegada de misión comunitaria, narra exactamente como una.
Caputo se ve escindido cuando, en contraposición con el racismo, encuentra en el libro una sensibilidad poética que lo llena de imágenes poderosas todo el tiempo, principalmente en los sucesos que rodean la relación madre-hijo.
Sensibilidad poética que lo llena de imágenes poderosas. La familiaridad con lo escrito por Vidal sobre los aspectos positivos de la novela es evidente.
Por mi parte, algo que disfruté de Esta herida llena de peces, fueron los diálogos entre la narradora y el niño, sentí honesto el juego adulto-niño en el que el adulto siempre está en peligro de ser aburrido y el niño lo salva. Pero los diálogos entre personajes adultos son inverosímiles; que lo primero que la narradora le diga a su compañera de asiento en la canoa hacia Bellavista sea todo un monólogo sobre su relación con el niño y diga frases como: el aire caliente de cachorro que entraba y salía de su naricita me daba motivos suficientes para trabajar, tiene una carga intelectual que lo hace inverosímil. En una novela que se aceptara a sí misma como ensayística funcionaría el párrafo sin la necesidad de construir un diálogo.
Y volviendo a los aspectos positivos, en la reseña de Mauricio Builes[3] encontré que esta novela es una apuesta narrativa arriesgada porque la literatura colombiana, en el último medio siglo, no hace más que buscar atajos para contar la guerra y, en esos intentos, el fracaso ha sido un común denominador.
Apuesta narrativa arriesgada.
Esta novela es justamente un atajo para contar la guerra, y en ese sentido no representa una apuesta narrativa arriesgada. Laura Restrepo, Héctor Abad Faciolince, Tomás González, han usado el mismo recurso. Por supuesto no la misma trama. Ahora, que el fracaso sea un común denominador también se puede cuestionar. ¿Fracaso respecto a qué? ¿Lo contrario de eso sería el éxito? ¿Qué significaría exactamente el éxito? La versión del libro que leí es la décima reimpresión. Los autores que acabo de mencionar probablemente comparten números similares de reimpresiones.
También dice Builes que lo que celebra es la habilidad de Lorena Salazar Masso para abordar un tema espinoso teniendo en cuenta que ella no es originaria de la región (nació en Medellín, aunque vivió su infancia en Quibdó). Y aunque no termina su reseña sin criticar el tono condescendiente y las obviedades de la novela, con la habilidad que le celebra desconoce el privilegio a través del cual las personas blancas hablan de cualquier “tema espinoso” sin dejar la piel en las espinas.
Llegados a este punto parece que quiero pelear con los reseñistas, o reseñar las reseñas, o hacer una lista de cosas positivas para decir en un taller antes de disparar… Pero no es así. Me puse a leer reseñas por curiosidad y me quedé conversando con los textos, cualesquiera que fueran. Leer es siempre una conversación. Se puede ser buen o mal interlocutor. Se puede ser buen o mal conversador. Se puede tener una conversación con alguien y perderse todo el tiempo, interrumpir, llevar todo lo escuchado a algún tema sobre uno mismo y hablar hasta quedarse sin saliva. Y también se puede escuchar, pensar en cada palabra, crear teorías sobre por qué están donde están en una frase, por qué son dichas como son dichas, y conversar, conversar; leer es algo así como tener conversaciones interminables con un texto y con todas las versiones de uno mismo que aparecen con cada opinión que se nos ocurre sobre él.
Podría decir que lo que me gusta de leer es conversar.
Leo una frase, pienso, converso, peleo; sigo con otra frase, pienso, converso, peleo. Me río. O me asombro. Pocas veces algo me conmueve si no converso con ello: siento que no estoy prestando atención, que no estoy escuchando.
Lo que mejor recordaba de Esta herida llena de peces eran las reseñas que había leído. Creo que escribí esto para explicarme por qué disfruto leer reseñas. Pero no es así: lo que recuerdo y disfruto son las conversaciones, con todos, conmigo. Leer es una excusa para conversar.
[1] https://cerosetenta.uniandes.edu.co/el-racismo-en-esta-herida-llena-de-peces/
[2] https://www.banrepcultural.org/noticias/esta-herida-llena-de-peces-de-lorena-salazar-masso

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